DEPREDADORES
Pasa el tiempo y la vida diaria y nuestras obligaciones a veces se anteponen nuestros deseos de comunicarnos. Tenía la esperanza de que alguna cazadora o competidora, de cualquiera de las muchas modalidades de caza, contara sus experiencias. No ha sido así y bien que lo siento pues ello nos priva, estoy segura, de enriquecer nuestros conocimientos. Pero nunca es tarde y escrito está, que el cazador sabe vencer al tiempo.
Yo por mi parte, soy una gran amante de la naturaleza y sus moradores. Respeto, defiendo y por encima de todo admiro cualquier especie que sea capaz de sobrevivir a los caprichos naturales o humanos. He sido una anti caza desde mi más tierna forzada por ese síndrome que nos hacía y hace ver a los animales desde una perspectiva poco menos que humanizada, Guancho, Silvestre, Bambi, Correcaminos, Yogui o Bubu, entraban en nuestra casa a casi cualquier hora para decirnos lo malísimos que eran los cazadores.
De manera, en cierto modo casual, hace tres lustros me inicio en el mundillo de la competición para a mediados del dos mil comenzar mi colaboración con la Real Federación Española de Caza. En ella leo, oigo y me informo de cuales y cuantos proyectos y estudios se desarrollan por y para los animales, por y para su conservación, por y para su protección. Resulta que los cazadores son los que los estudian, los que evalúan prioridades y necesidades más inmediatas y las ponen en marcha, es decir, dedican buena parte de su tiempo y su dinero al bienestar animal y a la conservación de sus hábitats. Alguien podrá pensar aquello de engordar para morir. No, no es ese el fin de estos trabajos. Su finalidad es la creación de nuevas vacunas que impidan la muerte masiva de determinadas especies que evitaría, así mismo, la de sus predadores; evitar el incremento masivo de determinadas especies que pondrían en peligro a otras con las que conviven; seguimiento de especies y estudios de recuperación; capturas; anillamientos; estudios migratorios, presión predadora; etc. A día de hoy, estoy convencida de que el cazador es el auténtico conservacionista y que sin su presencia y conocimientos difícilmente se podría gestionar de modo correcto especies y hábitats.
Claro que el cazador abate animales salvajes. Aguardos, batidas, monterías, etc., sirven para ejercer sobre ellos la función predadora que apenas existe y evitar superpoblaciones de esta o aquella especie. No debemos olvidar que el ser humano nace cazador aún cuando esas dotes hayan quedado mermadas o anuladas al no necesitar conseguir el alimento cazando. Pero de cualquier manera, cazando o no, puestos en la piel del animal, pienso que cualquiera de ellos, usando su instinto, tendrá más posibilidades de evasión en el monte que en una cadena frente a su matarife.
La primera vez que abatí un jabalí llore, no voy a negarlo. Los latidos del corazón, la boca seca - el miedo - debido a la proximidad, muy escasa al tratarse de cazar con arco, lograron que esa fuera la reacción final. Pero eso es otra historia y espero contarla en próximas ocasiones.
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